Una invitación especial

Desde pequeña he sentido una profunda resonancia con los animales, las plantas y las piedras.
Recuerdo escucharlos, sentirlos, hablarles.

El elemento Tierra siempre estuvo vivo en mí, con un llamado constante a conectar con la Vida en todas sus formas.

En mi recorrido espiritual viajé y me abrí a dimensiones cósmicas, reconociendo mi origen estelar y también mi origen en esta humanidad.
Con el paso del tiempo, y al acercarme a la edad de la Sabiduría, estas dos dimensiones comenzaron a unificarse en mí.

Así fue como en el Portal 8.8.8 —la noche del 8 de agosto de 2015—, durante un sueño profundo, se me presentó el Gran León.
En mi conciencia, él representaba la unión de la energía Crística y la energía Chamánica.

En la imagen del sueño, el León caminaba de un lado a otro custodiando una enorme puerta, mientras sostenía su mirada fija en mí.
En un momento se detuvo y me habló:

“En breve este Portal se abrirá. Estás invitada a entrar”.

Quedé fascinada por su Presencia.
Con el corazón colmado de Amor y Fe, acepté su invitación.

A partir de esa noche, el León Supremo comenzó a manifestarse en distintos estados de conciencia:
en meditaciones, en momentos de vigilia, acompañándome en sesiones —soplando su Aliento de Vida sobre las frentes y los corazones de mis consultantes—, e incluso apareciendo en sueños de personas cercanas para entregarme mensajes.

Su aliento era intenso y profundamente purificador.

Luego de varios días de trabajo interno, en un único instante de revelación, el León me entregó este Oráculo.
Me mostró su Propósito, su Estructura y cada una de sus Cartas, confiándome a mí —a mi creatividad y a mi sabiduría— su desarrollo en la materia.

La Tirada Principal y sus 81 cartas me fueron dictadas en un solo soplo de su aliento.
Recuerdo que mi mano no alcanzaba a escribir a la velocidad con la que la información descendía.

Asumí entonces el compromiso de adentrarme en este proyecto sin saber todo lo que implicaría ni a dónde me conduciría.

Comenzó así un largo período de despojo: del ego, de antiguos proyectos, de certezas.
Llegaron pérdidas, emociones intensas y profundas transformaciones.
Todo aquello que creía seguro comenzó a desmoronarse.

No fue fácil.
Hoy puedo relatarlo con serenidad, pero en aquel momento me “embarré” por completo para alcanzar lo más profundo de este llamado que aún no lograba comprender del todo.

Decidí salir de la ciudad y retirarme a la naturaleza.
Viajé sola a San Pedro, cerca de mi ciudad natal, Buenos Aires.
Permanecí allí varios días en silencio, sintiendo, integrando y comenzando a escribir el contenido de este Oráculo.

Confié la ilustración de las láminas a mi hija mayor, Guadalupe.
Yo podía verlas y sentirlas, pero aún no me sentía lista para dibujarlas.
Sin saberlo, esta decisión nos llevó a ambas a atravesar varios Portales del Oráculo.

Exactamente un año después de aquel sueño, las 81 cartas estaban listas e impresas en mis manos.

Para entonces, ya no tenía mi centro de trabajo, ni proyectos, ni casa.
Desde una mirada tridimensional, la escena podía parecer dramática.
Sin embargo, mi corazón estaba en paz y profundamente decidido a dar el último gran salto al vacío.

Compré entonces mis pasajes para viajar a México, a Tepoztlán y Malinalco, en un viaje espiritual e iniciático.

Y aquí estoy ahora, escribiendo estas líneas al final de ese viaje, en una posada del Pueblo Mágico de Tepoztlán.
A pocos días de atravesar el Portal 9.9.9 —9 de septiembre de 2016—, fecha que, “casualmente”, coincide con mi cumpleaños.

En este recorrido encontré a mi Chamana Interior, a mi Mujer Medicina, a mi poder y a mi fuerza, sostenidos por la Gran Fuente Divina.
Me descubrí danzando, cantando y recibiendo la graduación de un nuevo ciclo de vida a través del Nagual Colibrí.

Mi amado Colibrí me ofreció su gran regalo al volar a escasos centímetros de mi frente, mirándome fijamente a los ojos mientras yo le cantaba con mi nueva voz y con un corazón más liviano gracias a su Medicina.

Inundada de emoción y gratitud, honré a la Madre Tierra y a la Madre Divina.
Honré a la Divinidad que me sostiene y nos sostiene.
Honré las Frecuencias Crísticas que están llegando, a los Naguales que me acompañaron, a mis ancestros y a mis hermanos.

Honré a mis padres, a mis hijas, al padre de mis hijas, a mi Origen.
Honré mi vida y cada una de mis experiencias.
Honré a los hombres que amé y que me amaron, a mis amigos —los que están, los que partieron y los que ya no están cerca, pero habitan en mi corazón—.

Honré la sabiduría y la magia presentes en cada célula viva y en todas sus formas de manifestación.
Honré a la Tierra, al Agua, al Aire y al Fuego.
Honré a mi Ser Interior, que eligió regresar en amor y entrega a vivir una nueva experiencia humana.
Honré a mi cuerpo.

La Medicina del León inició este proceso.
La Medicina del Colibrí le dio un cierre… un cierre abierto, porque sabemos que no existe el tiempo ni el espacio en la Unidad que Somos.

Deseo que el Oráculo Portales al Origen te ayude a reconocer el momento de conciencia en el que te encuentras hoy y te brinde las herramientas necesarias para atreverte a cruzar tu propio Portal.

Con todo mi Amor y mi Conciencia de Hoy,

Analía
Pueblo Mágico de Tepoztlán – México
4 de septiembre de 2016

Estructura

PORTALES: son 33 y cada uno de ellos te invita a dar un paso más en tu camino de Conciencia

LLAVES: son 12 y están relacionadas con la numerología. Con ellas abres el Portal, es decir, es la energía con que te invita a ingresar.

SENDEROS: son 12 y están relacionados con la vibración de los colores. Cada sendero es un nuevo aprendizaje, una actitud para el camino.

LUNAS: son 12, 4 de ellas están relacionadas con las Fases de la Luna, 4 con los Cuatro Elementos y las otras 4 están relacionadas con las Estaciones del Año.

FRECUENCIAS: son 12 y están relacionadas con los atributos de los Ascendentes del Zodíaco. Son aquellos aprendizajes a los que accederás luego de atravesar el Portal y recorrer el Sendero. Es tu nueva Frecuencia de Luz.